En este capítulo, comunidades rurales se dieron la oportunidad de compartir sus historias de vida, después de haber pasado por el horror del conflicto armado. La guerrilla y especialmente el paramilitarismo llegaron a esta zona y dejaron a su paso asesinatos, desapariciones, secuestros e invasiones a la propiedad de los campesinos, a quienes no les quedaba más que aceptar su presencia y seguir órdenes. Las heridas de la guerra calaron profundamente en el alma de los campesinos, quienes callaron su sufrimiento hasta la llegada de Perspectivas de Paz. Estas comunidades abrieron su corazón, contaron sus experiencias y se permitieron sanar. El arte y la narrativa fueron los vehículos de reconciliación que además dejaron un maravilloso registro de la memoria histórica de los territorios colombianos que han tenido que someterse al control de los grupos armados y andar al vaivén de sus decisiones, pero que, al final, su capacidad resiliente les ha permitido reponerse y seguir su camino.